Por @latino.romano

Con el corazón partido en mil pedazos, librando una lucha interna entre sus abatidos sentimientos y una gigantesca esperanza, se fue por el camino del desierto con su tonada.

Los días pasaron lentamente mientras las manos se encallecían y la piel se resecaba por el intenso sol del verano. La necesidad de ganarse el sustento y la promesa hecha a una dama eran cosas muy importantes para aquel músico que pretendía convertirse en alguien. La pesada faena diaria terminaba amenizada por crepúsculos de baile y cervezas. Algunas monedas rodaban en el rocoso suelo, destellando por la llamas de la fogata, un premio añadido al talento de aquel músico; todo un maestro del saxofón que tuvo la desgracia de crecer en un barrio pobre, en un país pobre, y en una familia pobre.

Se había enamorado de la chica más hermosa del pueblo. La había halagado con sus mejores piezas musicales, y finalmente convencido para que fuera su esposa.

Pero un hombre de verdad no construye una familia solo con sueños, eso le había enseñado su padre. Una vida digna no era barata y el único lugar donde podría obtener el dinero suficiente estaba a un desierto de distancia, entre las canteras de los cañones a las faldas de las montañas.

Los hombres jóvenes pasaban meses enteros allí, trabajando bajo el ardiente sol, con la espalda llena de polvo y en condiciones casi de esclavitud. A los esclavos se les azotaba, en la cantera no se golpeaba a nadie; el castigo solía ser volver con las manos vacías y la dignidad deshecha.

Dicen que el amor es una fuerza poderosa, capaz de lograr muchas cosas impresionantes. Al menos eso creía el músico, se aferraba a su deseo de volver con su amada para soportar las muchas penurias que a diario le acompañaban en la cantera.

Las limosnas que le arrojaban en las noches de fiesta obligada, le servían para alimentar la ilusión de tener una casa propia y una vida diferente.

Cuando muchos días después pudo regresar, con un bolso lleno de promesas primaverales, un sombrero de ala corta y un elegante corbatín, corrió a buscar a la mujer por la que había hecho tanto esfuerzo, a la que fue su brillante estrella en las oscuras noches en la cantera; para enterarse de que ya pertenecía a otro hombre. Uno que nunca se fue de aquel pueblo, uno con una suerte diferente, con suficientes monedas para pagar una vida y comprarse un futuro.

Fue un golpe duro y bajo. Ni los días más terribles bajo el abrazador sol causaron tanto dolor como aquella noticia.

Con el corazón partido en mil pedazos, librando una lucha interna entre sus abatidos sentimientos y una gigantesca esperanza, se fue por el camino del desierto con su tonada, su sombrero de ala corta y su elegante corbatín. Un hombre noble que fue rechazado por ser quien era, que no fue esperado por su amada.

 

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By @latino.romano

 

With his heart broken into a thousand pieces, waging an internal struggle between his dejected feelings and a gigantic hope, he went the way of the desert with his tune.

The days passed slowly as his hands became stranded and his skin was dried up by the intense summer sun. The need to earn a living and the promise made to a lady were very important things for the musician who wanted to become someone. The heavy daily chore ended with dancing twilights and beers. Some coins rolled on the rocky ground, flashing with the flames of the bonfire, a prize added to the talent of that musician; a master of the saxophone who had the misfortune of growing up in a poor neighborhood, in a poor country, and in a poor family.

He had fallen in love with the most beautiful girl in town. He had flattered her with his best musical pieces, and finally convinced her to be his wife.

But a real man does not build a family with dreams alone, his father had taught him that. A dignified life was not cheap and the only place where he could get enough money was a desert away, between the quarries of the canyons at the foot of the mountains.

Young men spent entire months there, working under the burning sun, with their backs full of dust and in conditions of almost slavery. The slaves were whipped, no one was beaten in the quarry; the punishment used to be to return empty-handed and dignity undone.

They say that love is a powerful force, capable of accomplishing many impressive things. At least that is what the musician believed, he clung to his desire to return to his beloved to endure the many hardships that daily accompanied him in the quarry.

The alms that were thrown to him in the nights of forced celebration, served him to feed the illusion of having a house of his own and a different life.

When he was able to return many days later, with a bag full of spring promises, a short brimmed hat and an elegant tie, he ran to look for the woman for whom he had made so much effort, to whom he was his brilliant star in the dark nights in the quarry; to find out that he already belonged to another man. One who never left that village, one with a different fate, with enough coins to pay for a life and buy himself a future.

It was a hard and low blow. Not even the most terrible days under the embracing sun caused as much pain as that news.

With his heart broken into a thousand pieces, waging an internal struggle between his dejected feelings and a gigantic hope, he went the way of the desert with his tune, his short brimmed hat and his elegant bow tie. A noble man who was rejected for who he was, who was not expected by his beloved.

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