Por @latino.romano

Agraviados se sentían al mirar su entorno. Estaban seguros del desprecio que les tenían en la superficie las criaturas terrestres.

La tortuga se asomó afuera de su escondite y murmuró su queja a los corales.

—¡Vasta de tanta vejación y malos tratos —dijo iracunda y con rostro afectado.

—¿A qué te refieres tortuga? —preguntó el coral rosado. Sabía a qué se refería el reptil, pero deseaba que la conversación fuera escuchada en todo el arrecife.

—Los terrestres no dejan de llenar nuestro hogar con tantas cosas inútiles. Hoy me ha despertado una luz insoportable, y al asomarme me encuentro con esta extraña nave de un solo ojo apuntando sus llamadas a mi casa —respondió la tortuga.

—Pero no se tratan de llamadas, es solo una luz que utilizan los terrestres para ver debajo del agua —indicó el coral azul tratando de conciliar el malestar.

—No importa de que se trate. Siempre están arrojando sobre nosotros cosas inútiles y que afectan nuestra tranquilidad —se quejó el coral rosado.

En el fondo yacía un vehículo, un convertible de un solo faro, que al parecer cayó de un barco que transportaba chatarra. Por eso era frecuente que terminarán en el fondo del mar los más ridículos y sorprendentes objetos.

Un tiburón pasaba por el lugar y se impresionó de las cosas que se encontraban desperdigadas por la arena. Su asombro no era para mal, pues el gran pez disfrutaba de husmear entre la chatarra para morder metal, plástico y otras cosas que no se hallaban en ningún otro lugar del océano.

—¡Cuanta maravilla! Sois muy afortunados de tener estos tesoros queridos amigos —dijo sonriente y con mucho ánimo el tiburón.

—¿De qué mal sufre usted? —preguntó enojado la tortuga.

—Una corriente de calor le ha freído el cerebro de seguro —secundó el coral rosado.

El tiburón no entendió los comentarios negativos y expresó con diplomacia su petición.

—Quisiera que vosotros fueran tan amables de permitirle a este humilde servidor el poder mordisquear algunas de las exquisiteces que poseen por aquí. La cabeza de ese músico de piedra por ejemplo, se ve muy apetitosa y seguro será una buena terapia para mis dientes.

—¡Válgame semejante tarado! —espetó la tortuga.

—Por nuestra parte puedes comértelo todo, la cabeza, las patas, y hasta la cosa que tiene en sus manos. Aquí solo estorba y no nos deja disfrutar de nuestro hogar —replicó el coral rosado con gesto de fastidio.

—Lo que mis amigos quieren decir señor tiburón es que tiene usted el permiso de morder los objetos que guste, no nos molesta en absoluto —dijo amablemente el coral azul.

El tiburón continuó encantado su exploración, sin percibir la mala espina ni el dilema de las demás especies.

La tortuga y los corales tuvieron que seguir soportando a los terrestres y su descuido al dejar caer al mar tanta basura.

Esta historia continuará en el blog personal de @latino.romano. Hoy te recomiendo leer este poema que habla de la amistad. Disfruten leyendo a:

 

@alexvalera

 

Para ti mi amigo

 


 

Las imágenes son propias, de colaboradores o cortesía de Pixabay.com autorizando su uso al autor del blog @latino.romano bajo licencia CC0. Puedes hacer click en la imagen para ver su fuente. Si te ha gustado, no dudes en compartirlo y apoyar al escritor.

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