Por @latino.romano

Tierra de hombres de bravo semblante que dejan sus huellas en la polvareda. Su silueta se confunde con el entorno salvaje del llano.

Amanecen cuando aún es de noche, mientras el sol permanece dormido y los luceros terminan risueños su fiesta. Los vientos fríos que vigilaban el campo y acurrucaban a las aves, todavía danzan entre el pasto arrancándoles aplausos. Es cuando en las tazas de arcilla cocida humea un café caliente y los chalecos de cuero uniforman a los llaneros.

Tonadas suaves, dulces como susurro de señoritas, se oyen en el fondo de un pasillo. Las cuerdas de un cuatro rozan rítmicamente unas con otras, sirviendo de mantel a la voz del ordeñador; quien le canta a sus animales para que produzcan más leche.

En el pilón batalla furioso y gallardo un guerrero. Dispara sus dardos poderosos contra los débiles granos cuyas cascaras huyen asustadas ante los golpes. Un molino de mano les espera para convertirlo en alimento de reyes.

Pronto el olor de las arepas se mezclará con las tonadas del Cuatro, y el café en las tazas de arcilla se tornará de un marrón suave cuando la cubeta esté llena.

En los cinchos ya no chorrea el suero. El queso, blanco como las nubes en verano, se fundirá dentro del rico pan del llanero. La mantequilla recién batida será el perfume que lo adorne. El marroncito dulce será el vino de exquisita cosecha que lo corone. Planta un par de arepas rellenas en un peltre viejo y los hombres que amanecen antes del alba se llenan de vigor para hacer su trabajo.

Frescos pastos se esconden en las vastas llanuras, esperando ser encontrados por los grandes rebaños. A lomos de un caballo recorren senderos conocidos, gritando ¡zoz! para guiar a sus bestias.

Cuando finalmente despunta la estrella que ilumina el camino. Solo las siluetas negras de hombres de bravo semblante se distinguen a la distancia; confundiéndose con las sombras de equinos y vacunos que inician su acostumbrada jornada en el llano venezolano.

Gheyzer J. Villegas (@latino.romano) es un escritor hispano de relatos y poemas, miembro de The Allince para quien escribe estos textos inéditos…

 

By @latino.romano

Land of men of brave countenance who leave their footprints in the dust. Their silhouette blends in with the wild environment of the plain.

They rise when it is still night, while the sun remains asleep and the stars end their party with laughter. The cold winds that watched over the field and huddled the birds still dance in the grass, drawing applause from them. It is when a hot coffee smokes in the baked clay cups and the leather vests make the Llaneros uniform.

Soft tunes, sweet as a ladies’ whisper, are heard in the background of a corridor. The strings of a cuatro brush rhythmically against each other, serving as a tablecloth for the milker’s voice; he sings to his animals to produce more milk.

On the pylon, a warrior battles furiously and gallantly. He shoots his powerful darts at the weak grains whose husks flee in fear of the blows. A hand-mill awaits them to turn it into the food of kings.

Soon the smell of the arepas will mix with the tunes of the Cuatro, and the coffee in the clay cups will turn a soft brown when the bucket is full.

No longer does the serum drip from the cinches. The cheese, white as clouds in summer, will melt into the rich bread of the llanero. Freshly churned butter will be the perfume that adorns it. The sweet brown will be the exquisite vintage wine that crowns it. Plant a pair of stuffed arepas in an old pewter and the men who wake up before dawn will be filled with vigor to do their work.

Fresh grasses are hidden in the vast plains, waiting to be found by the great herds. On the back of a horse they ride along familiar paths, shouting zaz! to guide their beasts.

When the star that lights the way finally appears. Only the black silhouettes of men with brave faces can be seen in the distance, blending in with the shadows of horses and cattle that begin their usual journey in the Venezuelan plains.

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