Por @latino.romano

No era su mejor día aquel domingo. Salir de vacaciones era una idea excelente, pero pasar algunos días en un país del que no sabía absolutamente nada supondría enfrentar algunos retos.

Por alguna razón desconocida, su teléfono perdía señal por las noches, y el sábado por la noche estuvo intentando comunicarse con su familia hasta muy tarde. Levantarse temprano no era una opción para él al día siguiente.

El calor lo hizo salir de la cama a duras penas. Con pasos perezosos se dirigió al refrigerador de la casa de vacaciones que un amigo le prestó, y se dio cuenta de que le faltaban provisiones.

Armado de valor salió a la calle del mercado que quedaba a pocas cuadras del lugar de alojamiento. Pronto llegó a un comercio donde podría comprar algunos víveres, fue entonces cuando se dio cuenta de que no conocer nada del idioma del país le traería problemas.

En los estantes del local comercial figuraban una serie de productos del campo jamás vistos por él. Algunos de estos productos parecían haber salido de una película de ficción. A su lado había personas oliendo y hasta mordiendo un poco lo que parecían vegetales. Él se atrevió a hacer lo mismo con unas hojas color amarillo que tenía en frente y descubrió que el sabor era terriblemente extraño, una mezcla entre desagradable y amargo. La gente lo miró bastante extrañada, pero al darse cuenta de que era un extranjero, unos cuantos no pudieron contener la risa.

El dueño del local se acercó para ayudarlo, pronunció unas pocas palabras que, desde luego, él no pudo entender. El propietario trató de explicarle que esas hojas que probó eran una medicina para parásitos intestinales. Él trató de indicarle que necesitaba comprar comida, sus ademanes fueron suficientes para el que el dueño del local lo llevara a unos exhibidores de vidrio que contenía tanques repletos de peces, moluscos e insectos que para los locales eran un manjar.

Él miró las especies y frunció el ceño, pues no le resultaban para nada apetitosas. Se esmeró por indicar que prefería otro alimento, pero su ayudante le mostraba cada vez un producto más extraño que el anterior.

Salió del local algo frustrado y con mucha hambre, se detuvo en una parada de buses para pensar, y fue cuando percibió un olor extraordinario que procedía de una venta ambulante de comida. La gente hacía fila para comprar allí, el semblante del negocio era muy atractivo, le recordaba las ventas de perros calientes y hamburguesas de su propio país. No dudó en ponerse en la fila junto a los demás para comprar de ese alimento que olía tan sabroso.

Cuando tocó su turno, observó como el cocinero daba vueltas a unas carnes delgadas y jugosas sobre unas brasas ardientes. También freía en aceite lo que claramente eran unas tortillas. Alcanzó a ver unas marcas comerciales de salsas muy famosas, así que sintió alivio de poder encontrar un alimento que si estuviera dispuesto a comer.

Un grupo de mujeres jóvenes, muy hermosas, pasaron cruzando la calle. Él no pudo evitar voltear a mirar por unos instantes. El vendedor lo interrumpió para entregarle su pedido, bien envuelto en papel de cocina. Pagó su comida caminó algunos metros hacia su alojamiento y notó de nuevo al grupo de mujeres que aún estaban en la acera opuesta. Las miró distrayéndose totalmente por la belleza de las jóvenes, y dio un gran mordisco a su alimento sin prestar mucha atención a lo que hacía.

Pronto sintió entre sus dientes algo duro como un trozo de palo y crocante como una galleta, salado al gusto, pero evidentemente extraño. Resultó ser una pata de algún insecto de enorme tamaño que servía de ingrediente principal en aquel platillo.

Lo miró muy impresionado, y luego de unos instantes se desmayó en el sitio.

Descargo de responsabilidad: Las opiniones que se traslucen en este texto obedecen a la óptica personal del autor quien, como toda persona, tiene derecho a expresarlas respetuosamente.
Gheyzer J. Villegas (@latino.romano) es un escritor hispano de relatos y poemas, miembro del mundialmente reconocido grupo The Alliance para quien escribe estos textos inéditos…

English version

 

By @latino.romano

It wasn’t his best day that Sunday. Going on vacation was an excellent idea, but spending a few days in a country he knew absolutely nothing about would mean facing some challenges.

For some unknown reason, his phone was losing signal at night, and on Saturday night he was trying to reach his family until very late. Getting up early was not an option for him the next day.

The heat made him barely get out of bed. With lazy steps he went to the refrigerator in the vacation house that a friend lent him, and he realized that he was short of supplies.

Armed with courage, he went out to the market street, which was only a few blocks away from his lodging place. Soon he arrived at a shop where he could buy some supplies, and it was then that he realized that not knowing anything about the language of the country would bring him problems.

On the shelves of the shop were a number of products from the countryside that he had never seen before. Some of these products seemed to have come from a fiction film. Next to him were people smelling and even biting into what looked like vegetables. He dared to do the same with some yellow leaves he had in front of him and discovered that the taste was terribly strange, a mixture between unpleasant and bitter. People looked at him rather strangely, but when they realized that he was a foreigner, a few could not contain their laughter.

The owner of the shop came over to help him, uttered a few words that he certainly could not understand. The owner tried to explain to him that those leaves he tried were a medicine for intestinal parasites. He tried to tell him that he needed to buy food. His gestures were enough for the owner to take him to a glass display cabinet that contained tanks full of fish, mollusks and insects that were a delicacy to the locals.

He looked at the spices and frowned, for they were not at all appetizing to him. He tried hard to indicate that he preferred another food, but his assistant showed him a stranger product than the previous one.

He left the premises somewhat frustrated and very hungry, stopped at a bus stop to think, and it was then that he noticed an extraordinary smell coming from a street food sale. People were lining up to buy there, the look of the shop was very attractive, it reminded him of hot dog and hamburger sales in his own country. He did not hesitate to line up with the others to buy that food that smelled so good.

When it was his turn, he watched as the cook spun thin, juicy meats over hot coals. He was also frying what were clearly tortillas in oil. He saw some very famous brands of salsas, so he was relieved to find a food that he would be willing to eat.

A group of very beautiful young women passed by across the street. He couldn’t help but look around for a few moments. The salesman interrupted him to deliver his order, well wrapped in kitchen paper. He paid for his food, walked a few meters to his lodging and noticed again the group of women who were still on the opposite sidewalk. He looked at them, totally distracted by the beauty of the young women, and took a big bite of their food without paying much attention to what he was doing.

Soon he felt between his teeth something hard like a piece of stick and crunchy like a cracker, salty to the taste, but obviously strange. It turned out to be a leg of some enormously large insect that served as the main ingredient in that dish.

He looked at it very impressed, and after a few moments he fainted on the spot.

 

Disclaimer: The views expressed in this text are those of the author, who, like everyone else, is entitled to express them respectfully.

Versão em português

 

Por @latino.romano

Não foi o seu melhor dia nesse domingo. Ir de férias foi uma excelente ideia, mas passar alguns dias num país sobre o qual ele não sabia absolutamente nada significaria enfrentar alguns desafios.

Por alguma razão desconhecida, o seu telefone estava a perder sinal à noite, e no sábado à noite tentava chegar à sua família até muito tarde. Levantar-se cedo não era uma opção para ele no dia seguinte.

O calor mal o fez sair da cama. Com passos preguiçosos, foi ao frigorífico da casa de férias que um amigo lhe emprestou, e percebeu que lhe faltavam provisões.

Armado de coragem, saiu para a rua do mercado, que ficava a poucos quarteirões do seu local de alojamento. Logo chegou a uma loja onde podia comprar alguns mantimentos, e foi então que percebeu que não saber nada sobre a língua do país lhe traria problemas.

Nas prateleiras da loja havia uma série de produtos do campo que ele nunca tinha visto antes. Alguns destes produtos pareciam ter vindo de um filme de ficção. Ao seu lado estavam pessoas a cheirar e até a morder o que parecia ser legumes. Ousou fazer o mesmo com algumas folhas amarelas que tinha na sua frente e descobriu que o sabor era terrivelmente estranho, uma mistura entre o desagradável e o amargo. As pessoas olharam para ele de forma bastante estranha, mas quando se aperceberam que ele era um estrangeiro, alguns não conseguiram conter o seu riso.

O proprietário da loja veio para o ajudar, proferiu algumas palavras que certamente não conseguia compreender. O proprietário tentou explicar-lhe que aquelas folhas que tentou eram um medicamento para parasitas intestinais. Ele tentou dizer-lhe que precisava de comprar comida. Os seus gestos foram suficientes para que o proprietário o levasse a um armário de vidro que continha tanques cheios de peixe, moluscos e insectos que eram uma iguaria para os habitantes locais.

Olhou para as especiarias e franziu o sobrolho, pois elas não lhe eram nada apetitosas. Ele tentou arduamente indicar que preferia outro alimento, mas o seu assistente mostrou-lhe um produto mais estranho do que o anterior.

Deixou as instalações algo frustrado e com muita fome, parou numa paragem de autocarro para pensar, e foi então que notou um cheiro extraordinário vindo de uma venda de comida de rua. As pessoas faziam fila para comprar lá, o aspecto da loja era muito atractivo, lembrava-o das vendas de cachorros quentes e hambúrgueres no seu próprio país. Ele não hesitou em alinhar-se com os outros para comprar aquela comida que cheirava tão bem.

Quando chegou a sua vez, assistiu enquanto o cozinheiro girava carnes finas e suculentas sobre brasas quentes. Também estava a fritar o que eram claramente tortilhas em óleo. Viu algumas marcas muito famosas de salsas, por isso ficou aliviado por encontrar um alimento que estaria disposto a comer.

Um grupo de jovens mulheres muito bonitas passou pelo outro lado da rua. Não pôde deixar de olhar à sua volta por alguns momentos. O vendedor interrompeu-o para entregar a sua encomenda, bem embrulhada em papel de cozinha. Pagou pela sua comida, caminhou alguns metros até ao seu alojamento e reparou novamente no grupo de mulheres que ainda se encontravam na calçada oposta. Ele olhou para elas, totalmente distraído pela beleza das jovens mulheres, e deu uma grande dentada na sua comida sem prestar muita atenção ao que estava a fazer.

Logo sentiu entre os seus dentes algo duro como um pedaço de pau e estaladiço como uma bolacha, salgada ao paladar, mas obviamente estranha. Acabou por ser uma perna de um insecto enormemente grande que serviu como ingrediente principal daquele prato.

Olhou para ele muito impressionado, e após alguns momentos desmaiou no local.

 

Aviso: Os pontos de vista expressos neste texto são os do autor, que, como todos os outros, tem o direito de expressá-los respeitosamente.

 

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