Por @latino.romano

Las voces resonaban con potencia en aquella habitación casi vacía, ecos desesperados que traicionaban el ánimo y encendían su romance con la soledad.

”…Seis treinta de la mañana, un bello amanecer para todos los residentes de la gran ciudad. Se esperan cielos despejados al inicio de la jornada y algunos chubascos dispersos al final de la tarde…”.

La música era repetitiva y monótona, toda una pieza de arte al ser la única melodía posible en aquel sombrío lugar.

”…Recomendamos a todos los conductores tomar la ruta perimetral que estará más despejada. La avenida principal colapsará de alegría y será cerrada por varias horas debido al festival…” .

Las paredes blanqueadas lucían envejecidas por la huella del tiempo, y lamentos oscuros dejaban marcas en las puertas en noches de profundo dolor. Noches silenciosas, donde el silbido de la ventisca se colaba por los paneles del techo.

”…Ahora escuchemos a Rowie Jhonson con su éxito más reciente `Tomemos un café`…” (Suena melodía).

Sentado en el suelo frente a la ventana de gruesos cristales, con la cabeza entre las piernas y un trozo de pan seco en la mano, movía su cuerpo en un vaivén al ritmo de aquella canción que estuviera de moda años atrás.

Los primeros días fueron los más duros, luego las primeras semanas se volvieron costumbre en aquel confinamiento. Los años siguientes hicieron que la demencia tocara la puerta muchas veces, pero la pequeña radio resultó ser un antipsicótico efectivo para mantener un delgado hilo de cordura; las únicas voces que resonaban en aquella habitación casi vacía.

Las celdas solares mantenían viva la esperanza. Una pista eterna en la emisora local, grabada en los días del festival, y un receptor viejo que funcionaba con baterías. Hasta un pequeño insecto era un raro visitante en medio de aquella miseria.

Una vez fue un doctor condecorado, una vez fue un padre amoroso y un maravilloso esposo. Una vez fue un transeúnte de la gran ciudad. Hoy solo es un prisionero sin delito alguno, condenado a días de buscar alimentos envejecidos y noches de absoluta penumbra. Restos vivientes que atestiguan la maldad del hombre; su incapacidad para contenerse a sí mismo.

La canción de moda se termina, una pausa repentina le sigue, luego se repite la pista.

”…Seis treinta de la mañana, un bello amanecer para todos los residentes de la gran ciudad. Se esperan cielos despejados al inicio de la jornada y algunos chubascos dispersos al final de la tarde…”.

Esta invitación es solo para 100 personas, no pierdas la tuya: https://discord.gg/jCS6kZ4

 

By @latino.romano

The voices resounded loudly in that almost empty room, desperate echoes that betrayed the spirit and ignited his romance with loneliness.

“Six thirty in the morning, a beautiful sunrise for all the residents of the big city. Clear skies are expected at the beginning of the day and some scattered showers at the end of the afternoon…”.

The music was repetitive and monotonous, a real piece of art as it was the only possible melody in that dark place.

“…We recommend to all drivers to take the perimetral route that will be clearer. The main avenue will collapse with joy and will be closed for several hours due to the festival…” .

The bleached walls looked aged by the track of time, and dark wails left marks on the doors on nights of deep pain. Silent nights, where the whistle of the blizzard slipped through the ceiling panels.

“…Now let’s listen to Rowie Jhonson with his latest hit ‘Let’s have a coffee’…” (Sounds like a melody).

Sitting on the floor in front of a window of thick glass, with his head between his legs and a piece of dry bread in his hand, he moved his body in a swaying motion to the rhythm of that song that was fashionable years ago.

The first days were the hardest, then the first weeks became customary in that confinement. The following years made dementia knock on the door many times, but the small radio turned out to be an effective antipsychotic to maintain a thin thread of sanity; the only voices that resounded in that almost empty room.

Solar cells kept hope alive. An eternal track on the local radio station, recorded during the days of the festival, and an old, battery-powered receiver. Even a small insect was a rare visitor in the midst of that misery.

Once a decorated doctor, once a loving father and a wonderful husband. Once he was a passer-by from the big city. Today he is just a prisoner without any crime, condemned to days of looking for old food and nights of absolute darkness. Living remains testify to man’s evil; his inability to contain himself.

The fashionable song ends, a sudden pause follows, then the clue is repeated.

“Six thirty in the morning, a beautiful sunrise for all the residents of the big city. Clear skies are expected at the beginning of the day and some scattered showers at the end of the afternoon…”.

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