Por @latino.romano

La tarde se pintaba de un tono rojizo producto de las nubes y el ocaso. El café de la esquina se tornaba idílico, muchas parejas se sentaban en las mesas exteriores a charlar. Los dos hombre, sin embargo, estaban allí por una razón diferente.

—¿Crees que finalmente venga a buscar su paquete?

—No podemos saberlo, solo debemos esperar.

Los dos caballeros tenían un aspecto intimidante, con largas chaquetas de cuero, sombrero ancho y una barba de cuatro días. Uno de ellos leyendo un diario y el otro simulando tomar un expreso, vigilaban cuidadosamente las calles cercanas, a la espera de una mujer muy evasiva.

—¿Qué tal si no viene? —preguntó inquieto uno de los hombres.

—Vendrá —dijo secamente el que leía el diario.

—¿Cómo estás tan seguro?

—No lo estoy, solo que no me importa. Si viene, bien, pero sino, también me pagarán por vigilar.

—¿No te parece extraño que nos enviaran a los dos a hacer este trabajo?

El hombre del diario interrumpió su lectura dando una mirada seria a su compañero.

—No se me había ocurrido eso —indicó con preocupación.

Estaban acostumbrados a hacer encargos de todo tipo, los más difíciles requerían que ambos trabajaran juntos. Usualmente alguien salía herido en esas ocasiones.

—¿Quién es esta mujer que esperamos? ¿Por qué les asusta tanto a los jefes? —preguntó el hombre del café.

—No nos pagan para saber eso, solo sigue vigilando —replicó el del diario continuando su lectura, pero preocupado ante las lógicas observaciones de su cómplice.

La noche comenzaba a caer. Nubes de lluvia se agolpaban sobre esa calle en particular, como si el cielo y el clima se prepararan para algo funesto. Algunos locales cerraron sus puertas, y pronto el tráfico dejo de fluir dejando el lugar en silencio. Los hombres miraron a su alrededor, preocupados por lo que veían.

—¿No te parece extraño todo esto? —preguntó el del café.

—¡Tonterias! —respondió el otro disimulando su inquietud— Es solo una tormenta, aquí llueve cada noche, por eso cierran temprano algunas tiendas.

El mesonero los interrumpió algo apurado y les pidió que se fueran con la mayor cortesía que pudo.

—¿Qué ocurre amigo? —preguntó hoscamente el del diario— ¿No ves que no hemos terminado?

—Lo siento mucho señores, pero es que debemos cerrar ahora mismo, no se preocupen por los gastos, la atención es cortesía de la casa —dijo visiblemente asustado el mesonero.

Los hombres se miraron el uno al otro con intriga. No entendían lo que pasaba. El mesonero tomo por el brazo a uno de ellos y le dijo con firmeza pero en voz baja, como deseando no ser escuchado por nadie más:

—¡Deben irse ahora, están en peligro aquí!

Mas tarde podrás leer la continuación de este relato en el blog de @latino.romano Por ahora quiero recomendarte la lectura de un poema que usa frases bellas para expresar que la distancia y las diferencias no son obstáculos para el amor verdadero. Disfruten leyendo a:

 

@byercatire

 

Distintos mundos

 


 

Las imágenes son propias, de colaboradores o cortesía de Pixabay.com autorizando su uso al autor del blog @latino.romano bajo licencia CC0. Puedes hacer click en la imagen para ver su fuente. Si te ha gustado, no dudes en compartirlo y apoyar al escritor.

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