Por @latino.romano

El capitán empapado de pies a cabeza corría de un lado a otro de la cubierta con el corazón en la mano y la sombra del miedo asechando sus pasos.

—¡Sujetad bien esos cabos! —gritaba desesperado a sus tripulantes. Era consciente de la valentía de sus hombres, de su arrojo ante las adversidades; pero sabía sobre todo que ninguno de ellos estaba preparado para semejante proeza.

Miles de historias circulan por los puertos de Verona. Cientos de navíos destrozados por fuerzas desconocidas, por monstruos marinos sedientos de venganza. Al menos así es como cuentan estas historias marineros envejecidos que aseguran conocer a algún sobreviviente de tan fatídicos acontecimientos.

La tormenta era excepcionalmente difícil. Los vientos parecían golpear desde todas partes. Podía entenderse que un mar agitado de esta manera despertara en aquellas bestias el deseo de subir a la superficie en busca de alguna presa. Acostumbrados a la quietud de las profundas sombras del océano, los calamares gigantes se sentían con ánimos de probar suerte arropando con sus tentáculos a desprevenidas embarcaciones.

Las nubes grises le daban el telón de fondo ideal para su asalto. En esta ocasión, su víctima era el “Picardi”, un barco mercante conocido por la audacia de su capitán y su esmerada tripulación. Su nombre era notorio en todos los continentes por estar dispuesto a llevar encargos por los mares más embravecidos y distantes.

En la popa del barco figuraba la estatua tallada, no de una mujer o de alguna criatura mítica, sino de una hiena. Una escultura bastante curiosa que generaba muchas preguntas sobre su origen, a lo que el capitán respondía con algún relato ficticio, siempre diferente según quién preguntara.

En las barandas de estribor y babor, una larga lista de nombres tallados evocaban los más inusitados viajes de aquel navío. Pero las oportunidades de la vida se agotaron para el Picardi. Una feroz tormenta en el Pacífico trajo contra él, no a uno, sino a dos de los más grandes calamares que jamás haya encontrado un pescador en sus travesías.

Los monstruos sujetaban la nave con sus tentáculos, destrozando velas y amarres mientras los marineros gritaban despavoridos por la cubierta.

—¡Traigan el arpón! —ordenó el capitán. Buscaba una forma de alejar a las bestias de su amado Picardi.

 

Esta historia continuará en el blog personal de @latino.romano. Hoy te recomiendo leer este poema de un versátil escritor de nuestra plataforma que habla de la valentía. Disfruten leyendo a:

 

 

@alcidescadiz

 

¡Se valiente!

 


 

Las imágenes son propias, de colaboradores o cortesía de Pixabay.com autorizando su uso al autor del blog @latino.romano bajo licencia CC0. Puedes hacer click en la imagen para ver su fuente. Si te ha gustado, no dudes en compartirlo y apoyar al escritor.

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