Por @latino.romano

La fogata se avivaba mientras Jhos le agregaba leños secos. Los niños cobijados con mantas sostenían ramas delgadas para cocinar salchichas frente al fuego. Una ligera neblina se colaba entre los árboles, haciendo danzar una corriente fría y calmando a los insectos de la noche.

—¿Les parece que les cuente una historia? —preguntó Jhos a los niños.

Estos asintieron emocionados. Parecían haber esperado el momento de la fogata para ello, sobre todo después de un día estupendo nadando en el lago cercano. La Luna apenas era visible en el cielo nublado. Pocas estrellas titilaban, por lo que la clase de astronomía tendría que suspenderse.

—¿Conocen la historia del pez dormilón? —inquirió Jhos con tono serio y mirando fijamente a los niños.

—¡No! —respondieron casi al mismo tiempo.

Señaló hacia el lago y tomando una rama les relató:

—Los cazadores cuentan que justo a esta hora en este bosque, de aquel lago comienza a salir un pez muy grande y robusto. No es como los demás peces. Este disfruta de dormir en la noche, y si detecta a personas haciendo ruido en las cercanías… los muerde en los pies arrancándoles los dedos —los niños se miraron asombrados e inquietos— si lo ven venir no teman, solo arrójenle salchichas para que las coma en lugar de sus dedos… pero sobre todo guarden mucho silencio.

—¿Usted lo ha visto alguna vez? —preguntó uno de los pequeños.

—¡Desde luego! —respondió Jhos— puedo decirte que se parece mucho a ese tronco que viene acercándose por allá detrás de ti.

Algunos niños gritaron y otros rieron. Jhos los miraba haciendo muecas con su rostro y todos pasaban un rato ameno. Entonces el hombre hizo una pausa silenciosa, y mirándolos con absoluta seriedad les dijo:

—El pez dormilón no existe, solo lo dije para jugar con ustedes. Pero existe una leyenda en este bosque… una real… que habla de un extraordinario tren que suele transitar por los senderos de los árboles en noches nubladas como esta. En el viaja un maquinista que busca a todos los animales heridos o enfermos y los lleva a un lugar especial para que se recuperen.

—Pero un tren es muy grande para andar por los senderos —lo interrumpió una vocecita de entre los niños.

—Pero este tren es parte del bosque, su tamaño es perfecto para cada sendero que hay por aquí —aseguró Jhos picando otra salchicha— los que lo han visto dicen que no hace ruido alguno, que solo notan sus faros cuando se acerca, ni siquiera su chimenea lanza humo; y si el maquinista se da cuenta de que alguien ha lastimado a un animalito en el bosque, le da una tremenda reprimenda, se lo lleva en el tren y lo arroja muy lejos en las montañas para darle una lección.

Los niños seguían atónitos su fascinante relato, algunos miraban hacia los árboles como buscando los faros del tren por los senderos.

Esta historia continuará en el blog personal de @latino.romano. Hoy te recomiendo leer este escrito reflexivo que nos hace pensar en el motivo e inspiración de algunos poemas. Disfruten leyendo a:

 

@vezo

 

La hermosura ridícula del sufrimiento

 


 

Las imágenes son propias, de colaboradores o cortesía de Pixabay.com autorizando su uso al autor del blog @latino.romano bajo licencia CC0. Puedes hacer click en la imagen para ver su fuente. Si te ha gustado, no dudes en compartirlo y apoyar al escritor.

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