Por @latino.romano

Gigantesca expansión que lo cubres todo. Manto oscuro y profundo que evocas sentimientos abrumadores.

Espera, espera, oh noche que llegas jadeante. A hurtadillas te escabulles entre las montañas al despedirse el Sol. Un espeso silencio da la impresión de no haber nadie en casa, sin embargo susurros fugaces se escabullen entre las caricias del viento, y criaturas diversas emergen de sus escondites para iniciar su rutina.

Espera, espera, oh noche que jadeas bajo tu vestido perlado. Brillo lejano de fascinantes lugares tintinean en la inmensidad del cielo. Como un ejército entrenado se unen en formación cerrada, cada uno con su propio rango y autoridad.

Tienen cada una su personalidad, su gracia y sus defectos. Una fuerza poco comprendida las mantiene en su lugar y un Director majestuoso les ha enseñado a danzar bellamente.

Son cuerpos solitarios que aguardan ansiosos los aplausos del público, guardianes aislados que difícilmente pueden hablar entre sí, a menos que algún mensajero se los encuentre en su ruta. Así han permanecido por centenares de años, fieles en sus puestos de vigilancia aunque nadie les lleve provisiones.

A la distancia su apariencia es otra. Una multitud impetuosa a la que no se puede molestar. Un despliegue de luces ordenadas minuciosamente con el único motivo de dejar admirados a sus espectadores.

Las montañas oscuras le sirven de marco natural a tan bello lienzo. La aurora deja su verde estela como la firma del artista.

Espera, espera, oh noche que te apresuras a terminar tu acto. No corras a tu guarida sin antes escuchar los aplausos. No te asustes por el Sol que se ha ido de viaje un rato, quizá él mismo te contemple anhelante oculto detrás de su antifaz.

Las canciones de las criaturas se fortalecen mientras avanza tu danza. Galanes y doncellas no vacilan en declararse sus amores, impulsados por tu sutil sugerencia. Un suspiro halagador pone una pausa a su concierto, una bocanada de aire parece tomar de tus formas su sabor.

Espera, espera, oh noche constante que delitas a los aspirantes. Mis manos mismas ansían tocarte, un pensamiento irrealizable para un simple mortal.

Gheyzer J. Villegas (@latino.romano) es un escritor hispano de relatos y poemas, miembro del mundialmente reconocido grupo The Allince para quien escribe estos textos inéditos…

 

By @latino.romano

Giant expansion that covers everything. Deep, dark mantle that evokes overwhelming feelings.

Wait, wait, oh night you come panting You sneak into the mountains as the sun goes down A thick silence gives the impression that no one is home, yet fleeting whispers slip through the caresses of the wind, and diverse creatures emerge from their hiding places to begin their routine.

Wait, wait, oh night that you pant under your pearl dress. Distant glimmerings of fascinating places tinkle in the immensity of the sky. Like a trained army they join in close formation, each with its own rank and authority.

They each have their own personality, their own grace and their own faults. A little-understood force holds them in place and a majestic Director has taught them to dance beautifully.

They are solitary bodies waiting anxiously for the applause of the audience, isolated guardians who can hardly speak to each other unless some messenger finds them on his way. Thus they have remained for hundreds of years, faithful at their watchtowers even when no one brings them provisions.

From a distance, their appearance is different. An impetuous crowd that cannot be disturbed. A display of lights meticulously ordered with the only reason to leave their spectators in awe.

The dark mountains serve as a natural frame for such a beautiful canvas. The dawn leaves its green wake as the signature of the artist.

Wait, wait, oh night that you rush to finish your act. Do not run to your lair without first hearing the applause. Don’t be frightened by the Sun that has gone away for a while, perhaps he himself will contemplate you longing hidden behind his mask.

The songs of the creatures grow stronger as your dance progresses. The men and women do not hesitate to declare their love, driven by your subtle suggestion. A flattering sigh pauses their concert, a breath of air seems to take its toll on your forms.

Wait, wait, oh constant night that you give away the aspirants. My very hands long to touch you, a thought unrealizable to a mere mortal.

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