La historia que leerán a continuación es la tercera parte de un relato que comenzó hace algunos días. En los siguientes enlaces podrán seguir el relato desde el comienzo Primera parte Segunda parte

 


 

Por @latino.romano

La mujer desvió la conversación al ver al capitán volver con unas servilletas. Tom sonrió disimulando, pero lanzó una mirada acusadora a la dama.

—¡No se preocupe usted por nada señorita Vermisse! Esto solo es agua, nada que lamentar —dijo el capitán secando el mantel.

—Me siento como una tonta chiquilla, no sé qué me ha puesto nerviosa —se disculpó la dama jovialmente.

—Le aseguro que no tiene nada usted que temer, entre el capitán y yo estamos aquí para defenderle ante cualquier amenaza —dijo de forma insinuadora Gottfried.

—¡Así es! —exclamó el capitán con una carcajada.

Tom no podía evitar ver los ojos radiantes de Vermisse. De un negro intenso, adornados con largas pestañas, eran pedrería hermosa en su delicado rostro. Tenía esa forma peculiar de moverlos, como transmitiendo candidez e inocencia, frescura y pasión. Sin embargo no podía olvidar que detrás de esas gemas de aspecto infantil e ingenuo, se ocultaba una mujer tan astuta como un zorro y tan peligrosa como el fuego.

—¿Qué les parece si finalmente pedimos que nos traigan ese café? —preguntó el capitán mirando a ambos.

—Esplendido —dijo la dama.

Gottfried solo asintió con la cabeza, pero la respuesta de Vermisse, esa palabra, trajo a su mente recuerdos de experiencias pasadas: la orilla de una playa en una tarde de luna llena, ambos recostados sobre la arena, y ella respondiendo de esa misma forma ante una propuesta de su parte.

El recuerdo lo desencajó visiblemente, un ligero mareo le hizo tambalear en la mesa y le hizo sujetarse la frente. La mujer y el capitán se mostraron preocupados.

—¿Se siente usted bien señor Gottfried? —preguntó inquieta Vermisse.

—¿Se ha mareado usted amigo? Será mejor llamar al doctor —indicó el capitán con seriedad.

No… no es necesario, no me ocurre nada —respondió Tom.

¡Bah! ¡Yo sé exactamente lo que le aqueja! —aseguró el capitán y agregó— Ha tomado mucha vodka el día de hoy.

Sí, supongo que ha sido eso —concordó Gottfried sacando un pañuelo de su gabardina. Su frente estaba empapada de sudor. Vermisse se inclinó sobre él, y quitándole el pañuelo le ayudó a secarse el rostro.

Sujetó la mano de Tom con ternura mientras lo hacía. El capitán se fijó en el gesto y percibió que ambos tenían la misma curiosa cicatriz a la altura de la muñeca.

—Quizá sea buena idea dejar este caluroso salón y mudarnos a otro lugar más fresco, los invito al camarote de reuniones —señaló el capitán levantándose de la mesa.

—Vale me parece buena idea, os aseguro señor Gottfried que estaréis mejor allá, es un cuarto muy acomodado —aseveró Vermisse.

Tom no podía creer lo que escuchaba, desde que inició su viaje había intentado ingresar furtivamente a ese camarote sin éxito alguno. Ahora, el mismo capitán lo llevaría allí, el lugar perfecto para comparar la escritura de la nota en su bolsillo con algunos documentos oficiales.

Antología de historias es una sección original de @latino.romano para presentar fragmentos de relatos. Algunos comienzan desde el principio, otros en medio del nudo de la historia, la idea es que el lector disfrute de breves bocadillos literarios.

 

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